sábado, 3 de abril de 2010

Cecilia (10)

-Jorge es mi amigo desde hace mucho tiempo. Nos conocimos desde el Jardín de niños, el iba un año más abajo que yo. Siempre fue muy menudo, y con sus lentes y sus pecas los demás niños siempre lo molestaban.
-Y tú lo defendías- afirmo, sabiendo que era algo que César haría.
-Exacto. Bueno desde entonces somos amigos, casi hermanos. Estuvimos juntos todos nuestros años escolares, como era la misma escuela en primaria y secundaria, aunque no estuviéramos en el mismo año escolar siempre nos veíamos. Pero luego yo perdí un año, entramos a la preparatoria al mismo tiempo. Ahí fue cuando todo cambió.
Se quedó un momento callado, viendo al piso, y cuando comenzó a hablar de nuevo Cecilia pudo identificar la tristeza en su voz.
-Estábamos en grupos diferentes, y yo había conocido más gente en el año que me tomé libre. Yo empecé a estar con otro tipo de personas, no personas malas, no me malentiendas, simplemente diferentes, sobre todo diferentes a Jorge. Para ese entonces el seguía siendo tímido, estudioso, responsable y yo… yo había perdido la noción de las cosas y había optado por una vida un poco más superficial. Así que yo tenía nuevos amigos, el hizo nuevos amigos también. Estábamos ocupados, yo con todo menos la escuela, él siempre enfocado en los estudios. Ya no nos veíamos, ya no platicábamos y cuando pasaba cerca de mis amigos, bueno no estoy orgulloso de ello, pero prefería ignorarlo, porqué sabía que ellos iban a burlarse de él y sobre todo sabía que yo no haría nada para evitarlo.
Cecilia seguía mirándolo fijamente, poniendo atención a cada detalle, tratando de leer su mirada a cada palabra pronunciada.
-Pasaron los meses, estábamos cada vez más alejados, no sabía que era de su vida, pero si me enteré cuando cayó con la gente equivocada.
-¿A qué te refieres?
-Empezó a entablar amistad con unos chicos que tenían fama de ser, drogadictos. Esa fue la primera llamada de atención. Intenté advertirle, intenté decirle que no le convenía, pero no me hizo caso, yo era ya un extraño para él. Después llegó Lilia y eso solo empeoró las cosas. Verás, ella ya era nuestra amiga, había estado con nosotros desde pequeña, pero se había mudado. Cuando regreso a la ciudad, y entró en nuestra escuela, ya no era la misma chica. Y yo era un chico, me dejé llevar más de lo que debía y no me importó que Jorge hubiera estado enamorado de ella de toda la vida. Lilia ni siquiera sabía que Jorge existía y yo nunca se lo dije, solo le pedí que fuera mi novia y listo.
Recuerdo perfectamente el día en que Jorge se enteró que Lilia y yo éramos novios. Estábamos en el estacionamiento, besándonos, presumiendo sin importar quién nos viera, obviamente Jorge nos vio. Fue su cara lo que cambió todo dentro de mí. El era mi mejor amigo y le había hecho daño. Pero era demasiado tarde, estaba furioso. Tomó la motocicleta de uno de sus amigos y se fue de la escuela. Intenté seguirlo en el auto, pero no lo encontré y estaba muy preocupado, sabía que estaba drogado, desde que se juntaba con los fulanos esos, siempre estaba drogado. Después ya no hubo más que esperar noticias suyas. Pasaron horas sin que supiéramos nada de él. Sus padres ni siquiera sabían que ya no éramos buenos amigos y fui al primero al que le hablaron para preguntar si lo había visto. También fui el primero al que le avisaron cuando llegó al hospital. Inconsciente. Accidente de carretera, iba a chocar con un auto y se estrello con el muro de contención, no traía casco. Fue un milagro que no haya muerto.

Se quedo callado, Cecilia no sabía que decir, todo lo que había dicho sobre él, sobre su comportamiento simplemente no cuadraban con él, ella sabía que era una buena persona, y que no sería capaz de hacerle daño a nadie.
-Y todo eso es mi culpa- continuó
-No…. No lo es, César tú no lo obligaste a drogarse, o a tomar la motocicleta.
-No, pero no lo detuve, me alejé de él, no me di cuenta de que algo estaba mal, no presté atención a lo que le pasaba y le hice daño. Yo mismo cree esa bola de nieve que fue creciendo y creciendo hasta que se estrello, solo que el que quedó debajo de ella fue Jorge y no yo.
-César no digas eso…
-¿Es que no lo entiendes? Soy yo el que debería estar ahí, no él. El no hizo nada mal- su rostro estaba rojo, sus ojos estaban llorosos y su voz, a pesar de estar quebrada, había adquirido fuerza, enojo.
-César….-no sabía que más decir, no sabía como expresarle que no era justo que cargará ese mundo de responsabilidades sobre sus hombros, quería decirle que era bueno, que la había ayudado. Sin saber que hacer lo rodeó son sus brazos y le dio un fuerte abrazo que esperaba ayudara en algo.
César le respondió el abrazó, hundió el rostro en su hombro y de no haber sido porqué Cecilia sintió la humedad de su blusa, no se hubiera percatado de que César estaba llorando.

Fue solo por unos segundos, después se dio cuenta de que acababa de colapsar justo ahí, frente a Cecilia y retomo la compostura.
-Lo lamento, es sólo que nunca le había dicho a nadie toda la historia
-Gracias por confiármela César- dijo Cecilia con dulce voz y mirando fijamente a César a los ojos.
-Debes creer que soy una horrible persona
-Claro que no, no puedes pensar eso, no lo eres…-dijo tomando su mano entre las suyas
César se quedó mirándola, Cecilia esperaba que notara que lo decía de corazón.
-Gracias, por escucharme y por no salir huyendo.
-Nunca haría tal cosa-dijo dándole una leve y cálida sonrisa.
César tomo su mano y la condujo de regreso a la habitación de Jorge. Estuvieron Ahí un rato. Cecilia fue por algo de comer a la cafetería del hospital mientras le daba a César tiempo a solas para que platicara sobre su viaje a Jorge.
Después de un rato más, ambos se fueron, dejando a Jorge al cuidado de las enfermeras.
Ya era un poco tarde, así que César acompañó a Cecilia hasta la puerta de su casa. Cuando estaba por abrir la puerta y despedirse de él, César la tomó de la mano.
-Cecilia- era tan dulce escuchar su nombre en la voz de César- ¿quisieras ir conmigo a cenar mañana?
Cecilia no sabía que contestar, o más bien cómo, porqué era seguro que iba a aceptar, solo que debía contenerse de no gritar, o sonrojarse…demasiado.
-Sería un placer-contestó sonriendo con dulzura.
-Paso mañana por ti, te llamó por la mañana para ponernos bien de acuerdo, ¿si?
-Por supuesto- respondió- Buenas noches César- se acercó y le dio un beso en la mejilla. Su piel estaba fría, pero era suave y olía muy bien.
-Buenas noches niña- sonrió, se dio la media vuelta y se fue.
Cecilia entró en la casa y se recargó en la puerta, dio un fuerte suspiro y estaba a punto de gritar cuando su madre apareció en las escaleras.