viernes, 12 de febrero de 2010

Cecilia (8)

Entramos. Fue una situación extraña. No sé si era porqué César tenía tanta personalidad que no podía pasar desapercibido en el lugar o si simplemente era porqué venía conmigo, que era prácticamente un cero a la izquierda en la escuela.

Era raro tener las miradas sobre mí, me ponía nerviosa. César paso un brazo por mi hombro y estuvimos navegando por la casa, platicando con Sofía, su galán y un par de personas más.
Al terminar la velada César me caminó a casa.
-Fue una buena fiesta, muy entretenida
-Si, lo fue- mentí, no había disfrutado nada por estar pensando en lo que había estado a punto de decir. Necesitaba saberlo, sabía que era algo importante y también sabía que un momento como aquel no sería tan fácil de encontrar de nuevo.
-Estás bien?-preguntó
-Yo lo estoy, y tu?-pregunté intentando tocar el tema otra vez aunque sabia que no tendría suerte.
-Claro, te acabo de decir que la pase muy bien
-Debió parecerte una fiesta muy infantil, no?
-No
-Seguro?
-Lo que importa no es el lugar sino con quién estés y ya te dije que me la paso muy bien contigo.
Inevitablemente mi corazón se aceleró.
-Creo que debo irme, tienes que entrar a casa, tus padres van a regañarte
-Lo dudo, ni siquiera han llegado, no notaran que me fui…-no pude evitar decirlo con un toque de tristeza, porque era la verdad.
-Bueno, pero esta refrescando y no querrás enfermarte.
-No, claro. Buenas noches. Y muchas gracias por acompañarme-dije con una sonrisa.
-Gracias por invitarme.
-De nada, nos vemos pronto, ¿ok?
-Ya que lo menciones no creo que sea posible. Estaré fuera de la ciudad toda la próxima semana, lo lamento- todo iba tan bien hasta ese momento que mi cara de decepción fue muy notoria, no quería alejarme de él, no cuando estando a su lado me sentía tan bien, y el lo notó- pero…que te parece si cuando llegué salimos a comer o algo?
Una sonrisa ilumino mi cara. ¿Era eso una cita?
-Por supuesto, que tengas buen viaje-dije amablemente aunque deseaba que no se fuera- Te extrañaré- esto último se escapo de mis labios sin pensar y cuando me di cuenta era demasiado tarde, pero lo que más me sorprendió fue sus repuesta.
-Yo también.

Y con esa frase dio la media vuelta y camino por donde habíamos llegado. Llevándose consigo toda esa felicidad que me proporcionaba

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